lunes, 27 de octubre de 2014

Sierra de Moratalla: una de las grandes.

Crónica por: JRChirlaque

No recuerdo con exactitud cuantas veces se aplazó la ruta de turismo en Btt por la Sierra de Moratalla. Pero no me puedo olvidar de la cantidad de veces que rehice y recorté el track consciente de que aquello se iba de las manos con demasiada facilidad, y que los kilómetros recorridos sobre el terreno pesarían en las piernas mucho más que los que sin ningún esfuerzo dibuja el puntero del ratón sobre la pantalla del ordenador. La ruta que se hizo este sábado, lo confieso, es la decimocuarta versión de las que se estudiaron. No deja de ser algo meramente anecdótico, pero el dato da al menos una idea de las inmensas posibilidades que encierra para la bicicleta de montaña la sierra en la comarca del Noroeste de Murcia. Lástima que por allí no hay aún un club que organice carreras y transite las sendas, porque el terreno y el paisaje son algo espectacular.
Tras el madrugón de rigor, llegamos al Camping La Puerta de Moratalla, donde nos dejaron aparcar los coches con la promesa de comer en su restaurante al terminar la ruta. A las 8:40 estamos ya pedaleando por la pista que asciende junto al río Alhárabe. El camino es ancho y el firme bueno, lo que permite disfrutar de las espectaculares vistas que nos brindan a la izquierda los Cenajos del Agua; imponentes paredes verticales que limitan por esta vertiente la Sierra de los Álamos.
Vadeamos por primera vez el río y en el km 8 dejamos la pista por la derecha para empezar a enlazar caminos, de esos cojonudamente malos, que tanto nos gustan a Las Liebres.
El río Alhárabe vuelve a cruzarse en nuestro camino, ahora con más agua. Pedro y yo nos atrevemos a cruzarlo y nos mojamos hasta media pantorrilla. El resto, más sensatos, encuentran el sitio por el que evitar el agua. Y sin cambiarnos de calcetines, seguimos, sube que te sube, superando cuestas y revueltas.
Llegamos al primero de los cortijos abandonados que veríamos ese día: el Cortijo de la Cueva de Roberto, desde el que se contempla una excelente panorámica del valle del río que acabamos de remontar. Según se gira después a izquierda se observa por la derecha la impresionante cingla que se acaba de remontar y sobre la cual continúa nuestro trayecto hasta llegar al Collado del los Lobos, donde, de momento, la subida parece terminar, pues el camino, o lo que a tramos queda de él, va descendiendo por la derecha de las tierras de cultivo abandonadas desde decenios, desde el cortijo de Hondares de Arriba al de Hondares de Abajo. Con el arroyo del mismo nombre entre ambos que también habrá que vadear hoy en más de una ocasión.
Como en este punto la ruta pasará por dos veces, no nos detenemos y retomamos la subida de inmediato. Nos espera el Collado Quintero para seguir en dirección al Puntal de la Atalaya, en la Sierra de la Muela de Moratalla, donde terminan, por fin, los 19 km de ascensión prácticamente continua que llevamos recorridos desde la salida.
Si la subida había sido exigente hasta el momento, por los continuos repechos y el estado del terreno, la bajada no lo es menos. Cortando las curvas de nivel por la línea de máxima pendiente, un erosionado camino lleva bicis y pilotos al máximo en un terreno peligroso hasta un collado en el que la pista gira a la derecha hacia el Cortijo de Bañador, pero que nosotros abandonamos por una senda que nos llevará al pie de la subida al Castillo de Benizar, que prometemos hacer otro día a pie. La senda tiene un principio agradable, dejándose hacer con facilidad hasta que se pasa otro collado y la situación se complica de nuevo, con un terreno ideal para partirse la crisma que alterna piedra suelta con portales en roca, lo que lo hace accesible a muy pocos. Uno de esos pocos es el compañero Fran, que se mantuvo sobre la bici todo el rato, salvo un par de portales de tamaño 3XL. Todo un espectáculo para quien lo pudo ver  bajar esos 700 metros con una pendiente media del 27%  por una senda totalmente destrozada por la lluvia y las motos. Merece la pena hacer la senda solo por ver cómo la disfruta Fran. Para evitar esta bajada se puede continuar la pista hasta el Cortijo del Bañador y volver después por el Castillo de Benizar tras una dura subida.
Con tanta faena amontonada, eran más de las once y estábamos sin almorzar. Pasamos rápido por la Fuente del Molino y el Rincón de las Cuevas, que también prometimos visitar a pie otro día con la familia, (yo ese cromo ya lo tengo, pero no me importará repetir). Y vamos desde Benizar hasta Otos por la carretera con un rugir de tripas que ninguno podía disimular. Y en el Bar-Tienda de Manuel paramos a comernos el bocata con las cervezas y los cafés que muy amablemente nos sirvieron.
Con la barriga llena, las cuestas de la Senda de la Valera fueron un suplicio para algunos. Cuando se asentó el polvo que levantó un quad circulando como por una ciudad sin ley, pudimos ver el empinado camino que lleva a una senda que hay que hacer a pie sin más remedio, algo con lo que ya contábamos. Lo que ninguno esperaba es que llegado al alto, y ya por terreno llano, la senda, que discurre por un pedregal, fuese impracticable para las bicis. Al menos para las ruedas de 26" y 29". Habría que probar con una 36" y no sé yo, no sé.
Tras otros 200 metros penando tomamos a derecha una pista decente. Pero no era lo que ese día íbamos buscando, así que a los pocos metros cogemos por la izquierda el viejo camino que se adentra en la desolación y el abandono camino del Cortijo de la Valera. Los pinos desaparecen y los chaparros se van clareando hasta que nada más quedan los yermos que rodean las majestuosas ruinas. Flanqueadas por un olmo de gran porte y vigiladas de cerca por una impresionante noguera, cuyo tronco abatido se aferra a las pocas raíces que le restan resistiéndose a sucumbir bajo azote del viento. El conjunto y el paraje, en esa llanura a más de 1200 metros de altura, son de una belleza sobrecogedora. Cuesta imaginar la dureza de la vida para aquellas personas que tuviesen allí su casa y su sustento. Hoy allí no queda nadie, no trabaja nadie, no transita nadie. Excepto un grupo de amigos que van a recorrer sobre sus bicis la senda que antaño hiciesen los paisanos del lugar y que nos llevará al Rincón de los Huertos en un recorrido agreste y duro pero en esta ocasión totalmente ciclable. Me atrevería a decir que hemos sido los primeros en rodar por allí en muchos años. Probablemente no recorría esa senda una bici desde que algún mozo acudió desde Bajil al baile que se celebraba después de la cosecha en el cortijo, con intención de echarse novia, montado en una de aquellas bicis negras con freno de varilla y alforjas que alumbraban el camino con la luz del foco y la dinamo. Merece la pena que el recorrido no se pierda. Es algo auténtico de verdad; posiblemente el mejor escenario para una concentración de galgas, de esas que están ahora de moda.
Dejamos a un lado la nostalgia y llegamos al Rincón de los Huertos, por esa, repito, magnífica senda. Tomamos el camino hacia Bajil, que no deja de picar hacia arriba. Un pequeño respiro tras pasar el Collado Blanco y de nuevo hacia arriba remontando la Cañada de Bajil. Una parada en la fuente para reponer agua y continuaremos hasta llegar a la carretera.
A los pocos metros de estar bajando, tomamos un camino a la izquierda que nos sumerge en un bosque especialmente singular: el Chaparral de Bajil. Un bosque que ocupa una planicie calcárea a más de 1300 metros de altura, en el que no hay un solo pino; todo son encinas y sabinas. Un precioso recorrido ondulante que será la cota más alta de la ruta (1378 m) que termina de nuevo en el Rincón de los Huertos, que ahora dejaremos atrás hasta llegar, por un terreno difícil a esas alturas, tanto en subida como en bajada, a la carretera de  Benizar, que dejaremos enseguida para adentrarnos en otro inmenso pedregal en busca de otro de los platos fuertes del día: la bajada del Poyato.
Desde la carretera al Cortijo de Hondares hay un desnivel de 200 metros, con cortado de casi 100 metros entre ambos. Cuando pasamos por el cortijo a la ida, la vuelta por aquel acantilado nos parecía algo imposible. Sin embargo una increíble senda desciende encajonada en la roca ofreciendo un verdadero espectáculo a quien se atreve a bajarla. Las vistas que se abren delante, con el cortijo de Hondares abajo, y todo el valle que desciende hasta La Puerta son irrepetibles. No importa tener que bajar 450 metros andando, (Fran andó bastante menos) porque el paisaje y el lugar lo compensan de sobra.
Llegado a un aprisco de ganado al abrigo del cortado, la senda se vuelve dócil y permite disfrutar un rato la bajada hasta el camino que nos llevará de vuelta a Hondares. Es ahora, bajando después de horas por donde antes habíamos subido, cuando apreciamos realmente la dureza del terreno que hemos recorrido. Pero el final se va acercando.
Un último repecho y empieza la senda que recorre el barranco y arroyo de Hondares. Hacemos la última parada obligada en la Cascada de Hondares y Poza de las Tortugas y empezamos el último, ahora sí, descenso por el conocido hasta los Baños de Somogil, que alterna senda, barranco y camino, donde no faltó otro vadeo del río, por un recorrido extraordinariamente roto y pedregoso de esos que tanto gustan a esta tropa.
Y así se llega a la pista que nos vio salir hacía ya casi siete horas. Algunos con tal paliza en el cuerpo que las suaves ondulaciones del final del camino se nos antojaron la última e infranqueable barrera que nos separaba de nuestro final destino: un cuarto de arroba de cerveza fresca y un plato lleno cualquier cosa que nos calmasen el apetito y la sed que infinita que traíamos.
Conseguimos acabar la ruta, yo que llegué el último, a las 15:34. La recepción del Camping la Puerta nos trató de maravilla y pudimos disfrutar de una reparadora ducha. Y ya vestidos y aseados como las personas normales, recibimos un trato exquisito en el restaurante del camping y disfrutamos una agradable comida en su terraza en una tarde de temperatura ideal.

Esta ruta se aparta quizás un poco de la tónica general de las salidas de Turismo Btt del Club, en las que los senderos son siempre protagonistas. Aun así hay cuatro sendas importantes, aunque solo una es ciclable para todo el mundo (entiéndase todo el mundo que tenga un mínimo de técnica). El protagonista principal es el paisaje y el recorrido en sí mismo. Pero que nadie espere de ella un cómodo paseo campestre porque el terreno es complicado y rebuscado, huyendo de los caminos trillados y buscando los pasos más difíciles que encierran los secretos mejor guardados de la Sierra.

Datos prácticos:
TRACK DE LA RUTA:

Distancia total 54.50 km
Ascensión acumulada 1600 m
Tiempo en movimiento 5:27
Tiempo total 6:54
Velocidad media 10 km/h.

lunes, 13 de octubre de 2014

CAÑON DEL RÍO JÚCAR

Después del intento frustrado de recorrer el cañón del Júcar en bicicleta de hace un par de años, esta vez tocaba realizarlo en una salida senderista familiar.
El recorrido sigue un antiguo camino de servicio del "Canal del Júcar", túnel de 14 km de longitud construido en los años 50, que lleva agua desde el embalse de El Molinar hasta la central hidroeléctrica de Basta en Cofrentes.

"... en 1950 España comenzó a demandar más energía y se proyectó llevar las aguas del Júcar desde El Molinar hasta Basta, poco antes de que el Cabriel se junte con el Júcar en Cofrentes, con un canal/túnel de 15 kilómetros con el que se consigue un salto de 141 metros, el doble que con el salto original. Los trabajos fueron penosos y el esfuerzo descomunal. «La arcilla de la nueva presa la dejaban caer desde arriba, en el precipicio, y el hormigón del túnel lo secaron con hogueras para llegar a tiempo» asegura Pedro Poveda, de Hidroeléctrica, hoy Iberdrola. El Jefe del Estado, Francisco Franco inauguró la central. A los postres se sirvieron fresas con nata, recuerdan todavía en Cofrentes".
A pocos cientos de metros del inicio de la excursión comenzamos a disfrutar de espectaculares vistas del cañón y río Júcar.
Atravesamos 3 túneles, restos de obra civil, edificaciones y poblados abandonados ubicados junto a impresionantes precipicios.
Después de pasar dos túneles, el camino, parcialmente ocupado por desprendimientos caídos de las paredes contiguas, se convierte en sendero. Poco después llegamos al tercer (y último) túnel, donde se interrumpe el sendero.
La vuelta la efectuamos por el mismo recorrido, aunque para aquellos más ágiles y atrevidos puede completarse la excursión descendiendo hasta el curso del río por una empinada pedrera y sendero (pendiente que posteriormente nos tocará remontar, a no ser que optemos por una variante acuática de la ruta).
Aprovechamos la ocasión y la tarde para visitar la feria gastronómica, "El Corte de la Miel", que se celebra anualmente en Ayora coincidiendo con el puente de la hispanidad.

Track (wikiloc): Aquí.

Datos prácticos:
Distancia (ida/vuelta): 11 km
Desnivel acumulado: 450 m
Tiempo en movimiento: 3:30 h.
Dificultad: Baja
Acceso inicio ruta: Desde la carretera nacional N-330, tomamos la última salida a Jalance (en sentido Almansa-Cofrentes) y, a escasos cientos de metros de la misma, nos desviamos por un camino asfaltado a la derecha. A continuación, justo después de cruzar un puente sobre el río Júcar, nos desviamos a izquierda. Seguimos por este camino asfaltado varios kilómetros y después de cruzar la rambla Star, giramos nuevamente a izquierda. Continuamos algún kilómetro más y dejamos el vehículo en una pequeña explanada junto a un cruce con un camino de tierra. La excursión (no señalizada) comienza por este camino de tierra.

lunes, 1 de septiembre de 2014

UBIÑA CHALLENGE PRO TOUR: ASTURÍAS, PARAISO PARA LA BTT

Como ya viene siendo habitual en los últimos años, un grupo de liebres teníamos previsto realizar este verano una ruta en BTT de varios días en latitudes menos calurosas. Una vez conocidas las rutas comerciales más habituales, para este año buscábamos un recorrido menos convencional, en el que predominasen los senderos. Descartadas otras opciones, finalmente nos decantamos por la Ubiña Challenge Pro Tour, en el Parque Natural Las Ubiñas-La Mesa de Asturias. La elección ha sido todo un acierto, ya que en sus 195 km de recorrido y 7.000 m de desnivel acumulado atraviesa una orografía agreste y solitaria, alejada de las rutas turísticas habituales, y que ofrece gran variedad de paisajes y senderos, rodando a altitudes próximas a 1.900 m.s.n.m.
Las raciones diarias de kilómetros, senderos, tramos técnicos y metros de ascensión han colmado sobradamente nuestras ansias de pedaleo, bajo unas temperaturas y condiciones meteorológicas óptimas y envidiables para el mes de agosto (a excepción de la densa niebla de la segunda jornada). Eso sí, los más de 2.000 m de desnivel acumulado diarios se han ido acumulando, muy a nuestro pesar y junto a los años de algunas liebres veteranas, en nuestras piernas, día tras día.

ETAPA 1: BÁRZANA (QUIRÓS) - PÁRAMO (TEVERGA)

Después de la excelente cena e inmejorable fabada del refugio El Llano, donde aprovechamos para formalizar la inscripción y recoger toda la información complementaria de la ruta, dormimos en el Hotel Valle de Quirós de Bárzana. Por ello, al día siguiente optamos por iniciar la ruta desde Bárzana (8:25 h) y nos incorporamos directamente a la agradable y apacible vía verde de la senda del oso.
En Caranga de Abajo tomamos la carretera AS-228 en dirección Teverga y unos 2 km después volvemos a incorporarnos a la senda del oso. Pasamos junto a una zona de escalada y, en Entrago (P.K. 19,6), comenzamos un ascenso por carretera hasta Urría. Dejamos la carretera (P.K. 27,1) y nos desviamos en fuerte subida por una pista de hormigón, donde nos toca remontar largas y extenuantes rampas que, una vez superadas y cual inocentes liebres, pensábamos serían las más duras de toda la ruta.
Dejamos atrás este largo tramo inicial de carretera y hormigón (casi 30 km), llegamos a unos pastizales y prados de montaña y continuamos por un agradable carril-sendero. Cortas subidas y bajadas y algunos tramos aislados no ciclables nos conducen al Puerto de San Lorenzo (P.K 40,6), en los límites del Parque Natural de Somiedo.
Cruzamos la carretera, seguimos un par de kilómetros por pista, posteriormente carril-sendero, y llegamos al paraje de Piedraxueves y collado de la Magdalena en donde comemos.
Comenzamos un bonito descenso y pasamos junto a la Braña de la Corra. Seguimos por el antiguo Camino Real de La Mesa y algunos tramos bien conservados de la calzada romana que comunicaba Asturias con la meseta. Se une al grupo Jesús (de la organización de la ruta), llegamos a la Braña de La Mesa, aumenta la pendiente y coronamos el collado de La Mesa, con impresionantes vistas del macizo de Ubiña y la Babia leonesa.

Un largo y rápido descenso nos conduce a Torrestío (1.373 m), en donde decidimos dejar las cervezas para el final de la ruta y nos limitamos a reponer agua en la cercana fuente. A estas alturas, y antes de acometer los siguientes 400 m de desnivel, los kilómetros y desniveles realizados ya pesan, y mucho, en nuestras piernas.
Ascendemos por una pista, con tramos iniciales de fuerte pendiente, hasta el collado del Refuexo. Un corto sendero nos separa del collado de Las Navariegas (1.750 m). Cruzamos, no sin percances, una valla electrificada y comenzamos un largo y técnico descenso.
Rodamos inicialmente por prados abiertos y llegamos a la Braña de Las Navariegas. A partir de aquí comienza la parte más pedregosa, rocosa y técnica del descenso que nos obliga a hacer tramos continuados a pie; y es que, el musgo, las piedras y las rocas húmedas, tan poco habituales por nuestras tierras, ayudan bien poco a transmitirnos confianza para el descenso.
A media bajada nos entretenemos con la rotura y sustitución de una patilla del cambio (Jesús buscará un nuevo repuesto mañana en Oviedo y amablemente nos lo pondrá en el equipaje). Ya en el tramo final el sendero mejora notablemente, paramos un largo rato preocupados por la tardanza de Juan Ramón, hasta que aparece, tan tranquilo y sonriente, con una bolsa de setas atada a la mochila.
Llegamos a La Focella, acometemos una corta subida, hasta un pequeño collado, y comenzamos un rápido, entretenido y divertido descenso por un bosque de hayas hasta salir a la carretera.
Unos 3 km de carretera, en suave ascenso, nos separan de Casa Manolo, en Páramo (19:25 h), donde llegamos después de (para algunos) una de las más largas y duras jornadas de bicicleta de los últimos tiempos. Como es lógico, por la noche nos comemos y bebemos todo lo que nos ponen, incluido las setas de Juan Ramón.

Datos prácticos:
Distancia: 81 km
Desnivel acumulado: 2.650 m.
Tiempo (mov): 8:00 h
Dificultad física y técnica: Muy Alta.
IBP: 196

ETAPA 2: PÁRAMO (TEVERGA) - RIOSPASO (LENA)

A las 9:30 h comenzamos a pedalear, después de tener que solventar una nueva avería tempranera (otra patilla de cambio), por la carretera que asciende a Villa de Sub. Dejamos la carretera y tomamos una pista, con fuertes aunque cortas rampas iniciales, que nos conduce al collado Busbigre (P.K. 6,4).
La niebla nos acompaña y reduce la visibilidad. Continuamos por un sendero que asciende, en un tramo no ciclable, hasta Granda Muchida. Posteriormente descendemos a pie un tramo técnico y pedregoso que nos conduce hasta un collado. Después de otro tramo en ascenso no ciclable salimos a una pista (P.K. 9,0).
Pasamos junto a una ermita y continuamos pedaleando, en llaneo o suave ascenso, hasta llegar a un collado. Cruzamos una valla y comenzamos un rápido descenso hacia la comarca de la Babia leonesa, en el valle de San Emiliano. Aquí ya luce el sol. Las nubes y la niebla han quedado atrapadas en Asturias.
Cruzamos la carretera LE-481 y seguimos por tranquilos caminos de los prados de San Mamés, junto a pastos y campos de labor. Las vistas del macizo de Ubiña son espectaculares.
Pasamos Genestosa y continuamos por carriles y cortos tramos de sendero junto al río de Torrestío. Llegamos a una carretera y poco después a San Emiliano (13:40 h), en donde aprovechamos para comer el bocata del día acompañado, esta vez, por refrescantes cervezas.
Tomamos la carretera en dirección a Pinos y posteriormente seguimos ascendiendo por pista hasta el Puerto de Pinos y Casa Mieres. Estamos de nuevo en Asturias y la niebla nos vuelve a acompañar.
Detrás del refugio asciende un sendero que pasa por el lago de Pinos y las Vegas de Candioches y Rituerto. La visibilidad es reducida (< 10 m) y, muy a nuestro pesar, nos limitamos a seguir la línea de nuestros GPS sin poder disfrutar de las, sin duda, impresionantes vistas y paisajes de este tramo tan próximo a Peña Ubiña.
El sendero sigue ascendiendo, con tramos intermitentes no ciclables, hasta alcanzar las máximas cotas del día y de la ruta (1.890 m) en Collado Cerreos (P.K. 42,9. 16:40 h). Bajo una densa niebla, con nula visibilidad y cierta dosis de intuición solo nos queda seguir fieles a nuestros GPS.
Aquí comienza un vertiginoso descenso hasta Riospaso. La elevada pendiente del terreno, la escasa visibilidad y la hierba mojada nos obliga, en su inicio, a poner pie a tierra en ciertos tramos. Poco después la pendiente disminuye, la niebla queda atrás (o arriba) y podemos disfrutar de un rápido y seguro descenso por las praderías de la Vega del Meicín.
Pasamos junto al refugio del Meicín y continuamos por un camino, de firme empedrado y húmedo (tramos a pie), que desciende al pueblo de Tuiza de Arriba, desde donde tomamos la carretera que desciende a Tuiza de Abajo.
Continuamos por una tranquila pista asfaltada, no exenta de algunos tramos en suave ascenso, hacia el pueblo de Quempu. Giramos a nuestra izquierda y nos desviamos, ya en descenso, por un rápido y divertido carril-sendero, entre un bosque de hayas, que nos conduce a nuestro alojamiento, la Hostería de Huerna, en Riospaso (18:00 h), después de otra dura y espectacular jornada de bicicleta de montaña.

Datos prácticos:
Distancia: 52 km
Desnivel acumulado: 1.950 m.
Tiempo (mov): 6:30 h
Dificultad física y técnica: Alta-Muy Alta
IBP: 179

ETAPA 3: RIOSPASO (LENA) - BÁRZANA (QUIRÓS)

A las 8:55 h nos ponemos en movimiento por un corto tramo de camino, junto a la iglesia de Riospaso, que nos conduce a la carretera Le-8. 12 kilómetros después llegamos a Sotiello. Continuamos por carretera, ya en ascenso, hacia los pueblos de Zurea y Valle (P.K. 15). Estos tramos de transición, rápidos y por carretera, lejos de disgustar se llegan a agradecer, ya que por lo que nos consta de las jornadas anteriores, cuando la ruta comienza de verdad no da ninguna tregua.
A partir de aquí continuamos ascendiendo por una bonita pista, entre floridas y verdes laderas, hasta que llegamos al collado de Porciles (P.K. 24,8). En este punto, los Javi´s, para aligerar la marcha y el horario, abandonan a las liebres veteranas a su suerte.
Comenzamos el descenso por un pista con charcos y tramos embarrados, cruzamos una carretera y seguimos descendiendo por un precioso carril-sendero que discurre por un frondoso bosque. !Espectacular¡. Solo por estos tramos merece la pena pedalear por Asturias.
Atravesamos Villar de Cienfuegos (P.K. 32) y continuamos el descenso por carretera. Llegamos a un cruce y nos desviamos por una carretera que, después de 1,6 km de moderado ascenso, nos conduce a Cienfuegos (728 m), en donde aprovechamos para reponer fuerzas y tomarnos, ya sin cerveza, el bocata del día.
Comenzamos un fuerte ascenso, un infierno de subida, con duras y largas rampas de hormigón, no ciclables para la mayoría de los mortales, que obligan a las liebres veteranas a continuos porteos. Sin duda, el tramo o tramos de mayor pendiente de toda la ruta.
Después de 1,5 km enlazamos con una pista, ya de menor pendiente (aunque no exenta de tramos del 15-20 %), que continuamos hasta el final de la misma (P.K. 43,8. 1.565 m).
La ruta continua por un sendero, con pasos aislados no ciclables, que nos lleva hasta una fuente.
Seguimos pedaleando por pastizales y prados de montaña y alcanzamos una impresionante vaguada, a los pies de sobrecogedores farallones rocosos. Un rincón espectacular, uno de esos lugares que te transmiten todo aquello que puede ofrecerte la bicicleta de montaña y por los que merece la pena, con creces, todo el esfuerzo realizado. Sin ninguna duda, han merecido la pena los cientos de kilómetros de desplazamiento realizados desde nuestras lejanas madrigueras del Altiplano. Lástima la niebla de la segunda jornada, en las Vegas de Candioches y Rituerto, que nos impidió disfrutar, sin duda, de otro (o todavía más) espectacular rincón.
Fotografías y paradas contemplativas ralentizan la marcha, pero que importa el horario, la velocidad o el viaje de regreso cuando una liebre está pedaleando por un auténtico paraíso natural. ¡Brutal! ¡Puro disfrute para los sentidos!
Comenzamos una entretenida y divertida bajada, volvemos a la realidad y, de nuevo, nos sorprende otro espectacular rincón, la Majada de las Infiestas.
A partir de aquí el descenso se torna más técnico, con firme pedregoso (y húmedo), y nos obliga a realizar intermitentes tramos a pie que, por otro lado, nos permiten disfrutar en mayor medida del bosque atravesado.
Salimos a una transitada pista que a partir de Bueida se convierte en carretera, por la que continuamos descendiendo hasta Santa Marina. A partir de aquí enlazamos nuevamente con la senda del oso que en dos cómodos kilómetros nos lleva a Bárzana (16:55 h), nuestro punto de inicio/fin de la ruta, después de una tercera (y última) dura y espectacular etapa.

Datos prácticos:
Distancia: 62 km
Desnivel acumulado: 2.240 m.
Tiempo (mov): 6:20 h
Dificultad física y técnica: Alta
IBP: 186

En resumen una espectacular y recomendable ruta de btt, equilibrada combinación entre bicicleta y montaña, alejada de poblaciones y recorridos turísticos convencionales, que ofrece una gran variedad de paisajes, montaña y senderos. A todo ello, se suma un excelente servicio y un trato personalizado por parte de la organización, siempre dispuestos a solucionar cualquier imprevisto, y una inmejorable relación calidad/precio de los alojamientos.
La comparación con otras travesías en BTT es difícil de establecer, ya que la Ubiña Challenge Pro Tour se aleja de los parámetros de diseño standard de otras rutas comerciales. En este caso, el recorrido no se supedita a unos desniveles diarios razonables, al paso por bares y restaurantes en determinados puntos kilométricos de cada etapa o a evitar senderos técnicos y tramos a pie, sino que directamente (y sin tregua) te conduce a los rincones más sobrecogedores, a los que parece increíble que pueda llegarse en bicicleta, y a los senderos de descenso más espectaculares. Para ello, solo hay que dejarse llevar, por tu GPS, pedaleando o andando, con tu comida y bocata a la espalda, amenizando las intensas y largas jornadas de bicicleta en algunas de las numerosas fuentes que salpican un recorrido que, más que comercial, parece concebido para mostrar al biker los paisajes, excelencias y posibilidades del ciclismo de montaña en el interior de Asturias, en el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa y los concejos de Quirós, Teverga y Lena.
Los bosques atravesados recuerdan (sin tener nada que envidiar) a algunos tramos y senderos de pedals de Occitania. Por su parte, los prados y paisajes de montaña resultan bastante más numerosos y espectaculares que los de pedals de Foc o Epic Trail en Pirineos, recordándonos (salvando las distancias), a los de la Transalpina. En pocas palabras, y a buena liebre entendedora, la Ubiña Challenge Pro Tour sería comparable a nuestra reciente Pedales de Alcaraz a lo "asturiano" o a "lo bestia".
Eso sí, para realizar esta espectacular y dura ruta de ciclo-montañismo, no apta para todos los públicos (aunque con otra opción más corta y menos dura, la Ubiña Challenge Tour), tendremos que pagar el peaje de tener que empujar/arrastrar nuestras bicis (tanto en ascenso como en descenso) en ciertos tramos del recorrido (más de los que resultan habituales en este tipo de rutas), aunque siempre recompensados por las impresionantes vistas, paisajes, prados de montaña, bosques y rincones que tendremos ocasión de conocer y atravesar. ¡A disfrutar!