martes, 25 de noviembre de 2014

MAIGMÓ DESDE XORRET DE CATÍ POR LA RUTA DEL CABLE (SENDERISMO)

Interesante ascensión a la cumbre del Maigmó por su cara oeste por una ruta (conocida como la del cable) que incluye cortos y fáciles, aunque aéreos, pasos de trepada o escalada. 
Desde el aparcamiento de Xorret de Catí tomamos diversos caminos, que posteriormente se convierten en agradables senderos entre pinos, carrascas y encinas, y en suave ascenso nos conducen hasta las proximidades del Alt de Guixop.
Desde aquí , con la cumbre del Maigmó ya a la vista, continuamos por un evidente camino (pista del cordal) que discurre por la loma cimera y nos lleva hasta una caseta de vigilancia forestal ubicada en el Alt de les Xemeneies.

Seguimos por un visible sendero que en continuo sube y baja nos conduce a las proximidades del Maigmonet y finalmente desciende hasta el collado de La Xau.
Desde este último tomamos una senda que, en fuerte y zigzagueante ascenso, nos sitúa en la base de los farallones rocosos que forman la ladera oeste del Maigmó.
Unos primeros pasos de trepada, equipados con dos escalones metálicos y unas obsoletas cadenas, nos llevan hasta una travesía a la derecha; perdemos un poco de altura, seguimos junto a unas carrascas por un paso lateral a la derecha señalizado con unos trozos de cuerda y posteriormente volvemos a ganar nuevamente altura.
Conviene estar atento en este punto, ya que la ruta se desvía hacia la izquierda y atraviesa una rampa o tobogán rocoso, en donde hay instalado un delgado (incluso me atrevería a decir ridículo) cable, hasta ganar una especie de espolón rocoso.
Una fácil y corta trepada, con tendencia a la izquierda, nos conduce a una canal por la que, poco después, alcanzamos la cresta rocosa y la cumbre del Maigmó (1.296 m).
El descenso puede efectuarse por el mismo itinerario (con cuidado y prestando atención a posibles despistes y pérdidas) o por la ruta normal que desciende hasta el Balcón de Alicante, para después de un considerable rodeo por diversos caminos volver al collado de la Xau.
Desandamos parte del itinerario y antes de alcanzar el Alt de Guixop tomamos un camino, a derecha, que por un sendero señalizado (PR) y con fuerte pendiente final nos conduce de regreso a Xorret de Catí.
Track: Aquí.
(En nuestro caso evitamos el rodeo del regreso que te conduce a un pozo de nieve -Pou Carrascalet- y a la cueva Mosén Francés)

Datos prácticos:
-Distancia: 12,6 km
-Desnivel acumulado: 850 m
-Tiempo (en mov): 04:10 h.
-Dificultad física (Media) y Técnica (Media-Alta).
-Observaciones: Fácil trepada que puede efectuarse sin necesidad de cuerda para personas habituadas. En caso contrario, se aconseja llevar una cuerda (de unos 10 m) y emplear algunos de los puntos de seguro existentes, que pueden ser especialmente útiles en el descenso. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

PLANES-VALL DE GALLINERA-BCO ENCANTADA

Texto: JRChirlaque
Montar en bici debería estar subvencionado por la seguridad social. Puedo asegurar que los seis participantes de la ruta del pasado sábado por tierras alicantinas no vamos a necesitar ir al médico ni acercarse por la botica en las próximas semanas. Las únicas secuelas físicas que la ruta nos ha dejado han sido golpes con los pedales en las espinillas y algún rasguño contra la vegetación autóctona. Nada que no se pueda curar con una pastilla de jabón del lagarto. En compensación, la ruta ha obrado como un bálsamo para el espíritu. Al terminar habían desparecido todos los síntomas de la rutina, los problemas y los malos pensamientos. Una recarga de pilas que nos deberá durar por lo menos una semana.
El día empieza con un buen madrugón para estar a las siete en marcha. El viaje a Planes es cómodo. Autovía hasta Muro de Alcoy y unos pocos kilómetros por la carretera que culebrea rodeando barrancos entre bancales plantados de cerezos, cuyas hojas rojizas a punto de caer al suelo son el color que nos va a acompañar toda la mañana.
El Bar Lluis, en Planes, es el punto de partida del recorrido (conviene avisar para que nos guarden algo de comer al terminar la ruta). Tomamos el Camino de Sangonera remontando la cuesta interminable de hormigón en dirección a Catamarruc. La pista de tierra sigue ascendiendo por la Sierra de Cantacuc, dejando a la derecha el imponente barranco de Benialfaquí, hasta llegar al km 7, donde con un desvío a izquierda se inicia el descenso en dirección a Tollos curveando por un entretenido camino forestal.
Tomamos fotos y cargamos agua en el área de recreo de la Font Vella y salimos por un camino asfaltado que abandonaremos para recorrer un sendero, pedregoso y técnico, rumbo a los barrancos de Malafi y  Paet.

El barranco de Paet terminará siendo una agreste remontada que sigue los restos de una pista y el cauce gravoso del barranco en los tramos desaparecidos de aquella. A base de fuerza y equilibrio se va encontrando el paso más adecuado hasta enlazar con la pista ancha que viene desde nuestra izquierda y que nos llevará, en un par de duras rampas, al segundo alto de la mañana: lugar donde un pozo de nieve fue escenario de nuestro almuerzo.
Empezamos a bajar saludando a unos boletaires alicantinos (por dios, qué invasión), y giramos a izquierda siguiendo una cuidada pista forestal que recorre el paraje, con uno de los pocos pinares que se pueden ver por la zona.
Pronto abandonamos la pista tomando una senda por la izquierda que se va complicando según se aproxima al lecho del Barranco Hondo. Hay que patear algún tramo, pero compensa para evitar un monótono rodeo para llegar a las inmediaciones de Alcalá de la Jovada. En un momento cruzamos la Val d'Alcalá por agradables caminos y senderos para empezar otra vez a subir por una descarnada y rocosa ladera en dirección a la Peña Forada. El trayecto es duro de verdad y la pendiente para algunos es insuperable. Llegados a lo más alto, las vistas son impresionantes, según nos cuentan quienes ya habían estado allí. A nosotros la niebla nos impedía ver el paisaje, así que habrá que repetir la ruta para comprobar que lo que nos dicen es cierto.
La bajada hacia Benitaia da paso a la Val de Gallinera por una escarpada y muy transitada senda morisca en la que es inevitable hacer algo de bici-treking hasta que la pendiente se suaviza y las rocas dejan de ocupar todo el ancho del paso. Aunque ahora son las profundas roderas las que ponen el peligro al tramo.
Llegamos al pueblo bajando escaleras cual jóvenes gamberros y tomamos la carretera incorporándonos a la Rutas dels 8 Pobles. Pronto dejamos el asfalto para realizar un interesante recorrido por sendas, caminos y ramblas entre la Carrosa y Patró, donde destaca el sendero que por una cornisa rocosa llega hasta el pueblo, y que exige empujar la bici con  piernas cabeza y riñones para ir superando un escalón tras otro hasta llegar al final.
Por una sucesión de empinados caminos agrícolas se alcanza la carretera y el Collado de Benisilli, donde nos desviamos para entrar en el camino que sube y recorre la Sierra de la Albureca; en apariencia la última subida importante de la mañana, aunque nos esperaban todavía sorpresas. Esta sierra es una finca privada y tuvimos que esquivar una puerta por un sendero que había por su izquierda. Seguimos remontando la sierra a la vez que el valle desciende a nuestra izquierda, con lo que pronto la perspectiva se abre, ahora ya sin la niebla, y nos regala un paisaje salpicado de los colores del otoño, en el que destacan las pinceladas rojas de los cerezos sobre los amarillos de las higueras y las choperas.
Sin acercarnos demasiado al Mas del Botí, nos salimos de la sierra en dirección al Mas de la Albureca, por una pista bastante rota que desciende en un pronunciado zig-zag todo lo que tanto nos había costado subir. Nos topamos con otra puerta cerrada para salir del paraje, que las liebres atravesaron como por arte de magia y seguimos en dirección al Barranco de la Encantada: el plato final de este festín.
Hacemos la visita, obligada, a una de las pozas del barranco, horadada por el agua entre cortados rocosos que tradicionalmente han servido de lienzo a las inquietudes pictóricas y literarias de generaciones de descerebrados, quien sabe si muchos de ellos concebidos en el frescor de esas mismas choperas en una tarde de pascua, que han plasmado en vivos colores de spray mangado en la ferretería de la esquina la fecha, su nombre y hasta el nombre de su pueblo de origen. El nombre de los tontos aparece en todas partes y aquí lo hace con letras descomunales.
Tomamos el camino hacia el Molino de la Encantada y empieza la diversión por una senda bastante limpia y compacta que evoluciona entre la vegetación. El barranco queda a nuestra derecha y sus paredes se cierran. La senda busca la salida hacia arriba y la corriente de agua profundiza en la tierra. Tras unos duros repechos a pie estamos fuera del cauce, en lo alto, desde donde se divisa la profunda cortada en la roca del Barranco de la Encantada.
Unos metros por un camino, en dirección a una casa emplazada en lo más alto, dan paso al sendero que recorre la cresta. Un trayecto llano salpicado de afilados cantos rocosos que termina por ser imposible para nuestras piernas cansadas y nuestras bicis de corto recorrido, hasta que llegamos al quemado del último incendio. Los colores son ahora el negro y el gris del carbón y la ceniza. Entre los esqueletos de la vegetación calcinada, con las vistas al fondo del Pantano de Beniarrés, descendemos el sendero por las Lomas de Cantalar hasta la Casa del Fantaquí. Breves metros de camino, antepenúltima subida, y a nuestra izquierda sale la última senda del día, poco transitada pero ciclable, con reservas, casi en su totalidad.
Llegamos al Pantano de Beniarrés, y nos llama la atención la negrura de sus aguas. Siendo ya casi las dos, terminamos la ruta por asfalto, para lo que nos queda superar una durísima cuesta a la altura del Barranco de la Michá. Al volver la curva aparece Planes y entramos cruzando otro Barranco Hondo, junto a las choperas a medio deshojar y el lavadero del pueblo.
Tras casi cinco horas de pedaleo y seis desde que salimos, llegamos a los coches con cara de satisfacción. La ruta ha sido dura pero espectacular. Lástima la niebla. Habrá que volver en primavera. Los cerezos en flor deben ser un espectáculo digno de admirar.

En el Bar Lluis nos esperaba la comida, y lo que a nadie le faltaba en ese momento era hambre y sed. Con cervezas, ensaladas, paella y embutidos de la tierra llenamos el vacío de nuestros estómagos y tras los cafés y una breve tertulia volvimos a casa llegando, por una vez, a una hora prudente. O al menos para mí lo fue.

Datos de la ruta:
Distancia total: 51,5 km.
Ascensión acumulada: 1.500 m.
Dificultad física y técnica: Alta.
Ciclabilidad: 95-98%.
Me ha resultado muy difícil seleccionar entre las magníficas fotos que me han proporcionado Andrés y Salva. Así que os recomiendo que las veáis todas en el siguiente enlace, porque merecen, de verdad, la pena.

 
Aquí podéis enlazar con el track de la ruta:

lunes, 27 de octubre de 2014

CALAR DEL MUNDO Y ARGEL DESDE EL PUERTO DEL ARENAL (SENDERISMO)

Ya hace unos cuantos años que venimos recorriendo los alrededores de Riópar y el Calar del Mundo por variadas y sorprendentes rutas en bicicleta de montaña, lo que nos ha permitido tener una amplia visión de conjunto del Calar. Así que, en esta ocasión, tocaba procesar toda esa información y concentrar, en una ruta de senderismo, todos los puntos de interés de la zona. El resultado ha sido, como no, una larga, variada y completa excursión de montaña.
Comenzamos a caminar (8:55 h) desde el Puerto del Arenal por un camino, posterior sendero, en continuo ascenso hasta bordear la Morra del Navacico y alcanzar la Cañada de Los Mojones.
El sendero atraviesa una finca de reses bravas y continua ascendiendo entre un bosque de encinas. Poco después llegamos a un mirador situado en la vertical de la cueva de Los Chorros.
Después de contemplar el paisaje, continuamos el ascenso hasta que llegamos a la altiplanicie kárstica de El Calar del Mundo. Roquedos y dolinas, tapizadas por verdes prados, acompañan nuestra caminata por este extenso, agreste y solitario desierto pétreo.
Pasamos junto al Pozo de la Bomba y la Cañada de las Yeguas. Desde aquí acometemos las últimas rampas que nos acercan a la Cuerda de Los Tornajos, la cual seguimos hasta alcanzar la cumbre del pico Argel (1.698 m).  
Descendemos la cuerda del Argel hasta llegar a la, en estas fechas, seca fuente del Buitre, junto a la que descansan un grupo de reses. Continuamos por un estrecho camino, atravesando la Torca de Los Caballos, y nos desviamos al este para contemplar un ejemplar de tejo milenario, enclavado en el fondo de una pequeña y característica dolina.
Retomamos la marcha, continuamos enlazando distintos caminos y llegamos a la fuente de La Media Fanega donde repostamos agua. Un tranquilo paseo por una cañada, entre verdes prados, nos conduce a la Fuente del Espino y el GR-66. Seguimos por este último, en dirección norte, entre un agradable bosque de encinas, hasta que llegamos a un refugio y alcanzamos el borde norte del Calar.
A partir de aquí, comenzamos un rápido y prolongado descenso por un frondoso bosque de encinas salpicado, aquí y allá, por coloridas, intensas y policromáticas pinceladas otoñales de robles y otros árboles caducifolios.
Terminada la bajada, nos desviamos por un sendero, ya en ascenso, que nos lleva hasta el aparcamiento de Los Chorros, en donde paramos a comer. Aprovechamos la ocasión, como no, para volver a visitar el singular y precioso entorno del nacimiento del río Mundo.
Desandamos este tramo, volvemos al aparcamiento y tomamos un escondido sendero, paralelo a la carretera, que nos conduce hasta un camino. Continuamos este último, pasamos una fuente, junto al cortijo de Elena, y, poco después, nos desviamos por un sendero que en suave ascenso atraviesa la carretera de acceso a Los Chorros, continua por un singular bosque de pinos y nos conduce nuevamente al Puerto del Arenal (16:35 h).
En resumen, una larga, variada, amena, completa y recomendable excursión de montaña, por las riberas y el Calar del río Mundo, que nos ha permitido disfrutar de verdes y extensos prados, roquedos y dolinas kársticas, amplias vistas, árboles milenarios, frondosos bosques y policromáticas pinceladas otoñales.

Track: Aquí

Datos prácticos:
Distancia: 23,5 km
Desnivel acumulado: 900 m 
Tiempo en movimiento: 05:55 h.
Dificultad física: Media-Alta.

Sierra de Moratalla: una de las grandes.

Crónica por: JRChirlaque

No recuerdo con exactitud cuantas veces se aplazó la ruta de turismo en Btt por la Sierra de Moratalla. Pero no me puedo olvidar de la cantidad de veces que rehice y recorté el track consciente de que aquello se iba de las manos con demasiada facilidad, y que los kilómetros recorridos sobre el terreno pesarían en las piernas mucho más que los que sin ningún esfuerzo dibuja el puntero del ratón sobre la pantalla del ordenador. La ruta que se hizo este sábado, lo confieso, es la decimocuarta versión de las que se estudiaron. No deja de ser algo meramente anecdótico, pero el dato da al menos una idea de las inmensas posibilidades que encierra para la bicicleta de montaña la sierra en la comarca del Noroeste de Murcia. Lástima que por allí no hay aún un club que organice carreras y transite las sendas, porque el terreno y el paisaje son algo espectacular.
Tras el madrugón de rigor, llegamos al Camping La Puerta de Moratalla, donde nos dejaron aparcar los coches con la promesa de comer en su restaurante al terminar la ruta. A las 8:40 estamos ya pedaleando por la pista que asciende junto al río Alhárabe. El camino es ancho y el firme bueno, lo que permite disfrutar de las espectaculares vistas que nos brindan a la izquierda los Cenajos del Agua; imponentes paredes verticales que limitan por esta vertiente la Sierra de los Álamos.
Vadeamos por primera vez el río y en el km 8 dejamos la pista por la derecha para empezar a enlazar caminos, de esos cojonudamente malos, que tanto nos gustan a Las Liebres.
El río Alhárabe vuelve a cruzarse en nuestro camino, ahora con más agua. Pedro y yo nos atrevemos a cruzarlo y nos mojamos hasta media pantorrilla. El resto, más sensatos, encuentran el sitio por el que evitar el agua. Y sin cambiarnos de calcetines, seguimos, sube que te sube, superando cuestas y revueltas.
Llegamos al primero de los cortijos abandonados que veríamos ese día: el Cortijo de la Cueva de Roberto, desde el que se contempla una excelente panorámica del valle del río que acabamos de remontar. Según se gira después a izquierda se observa por la derecha la impresionante cingla que se acaba de remontar y sobre la cual continúa nuestro trayecto hasta llegar al Collado del los Lobos, donde, de momento, la subida parece terminar, pues el camino, o lo que a tramos queda de él, va descendiendo por la derecha de las tierras de cultivo abandonadas desde decenios, desde el cortijo de Hondares de Arriba al de Hondares de Abajo. Con el arroyo del mismo nombre entre ambos que también habrá que vadear hoy en más de una ocasión.
Como en este punto la ruta pasará por dos veces, no nos detenemos y retomamos la subida de inmediato. Nos espera el Collado Quintero para seguir en dirección al Puntal de la Atalaya, en la Sierra de la Muela de Moratalla, donde terminan, por fin, los 19 km de ascensión prácticamente continua que llevamos recorridos desde la salida.
Si la subida había sido exigente hasta el momento, por los continuos repechos y el estado del terreno, la bajada no lo es menos. Cortando las curvas de nivel por la línea de máxima pendiente, un erosionado camino lleva bicis y pilotos al máximo en un terreno peligroso hasta un collado en el que la pista gira a la derecha hacia el Cortijo de Bañador, pero que nosotros abandonamos por una senda que nos llevará al pie de la subida al Castillo de Benizar, que prometemos hacer otro día a pie. La senda tiene un principio agradable, dejándose hacer con facilidad hasta que se pasa otro collado y la situación se complica de nuevo, con un terreno ideal para partirse la crisma que alterna piedra suelta con portales en roca, lo que lo hace accesible a muy pocos. Uno de esos pocos es el compañero Fran, que se mantuvo sobre la bici todo el rato, salvo un par de portales de tamaño 3XL. Todo un espectáculo para quien lo pudo ver  bajar esos 700 metros con una pendiente media del 27%  por una senda totalmente destrozada por la lluvia y las motos. Merece la pena hacer la senda solo por ver cómo la disfruta Fran. Para evitar esta bajada se puede continuar la pista hasta el Cortijo del Bañador y volver después por el Castillo de Benizar tras una dura subida.
Con tanta faena amontonada, eran más de las once y estábamos sin almorzar. Pasamos rápido por la Fuente del Molino y el Rincón de las Cuevas, que también prometimos visitar a pie otro día con la familia, (yo ese cromo ya lo tengo, pero no me importará repetir). Y vamos desde Benizar hasta Otos por la carretera con un rugir de tripas que ninguno podía disimular. Y en el Bar-Tienda de Manuel paramos a comernos el bocata con las cervezas y los cafés que muy amablemente nos sirvieron.
Con la barriga llena, las cuestas de la Senda de la Valera fueron un suplicio para algunos. Cuando se asentó el polvo que levantó un quad circulando como por una ciudad sin ley, pudimos ver el empinado camino que lleva a una senda que hay que hacer a pie sin más remedio, algo con lo que ya contábamos. Lo que ninguno esperaba es que llegado al alto, y ya por terreno llano, la senda, que discurre por un pedregal, fuese impracticable para las bicis. Al menos para las ruedas de 26" y 29". Habría que probar con una 36" y no sé yo, no sé.
Tras otros 200 metros penando tomamos a derecha una pista decente. Pero no era lo que ese día íbamos buscando, así que a los pocos metros cogemos por la izquierda el viejo camino que se adentra en la desolación y el abandono camino del Cortijo de la Valera. Los pinos desaparecen y los chaparros se van clareando hasta que nada más quedan los yermos que rodean las majestuosas ruinas. Flanqueadas por un olmo de gran porte y vigiladas de cerca por una impresionante noguera, cuyo tronco abatido se aferra a las pocas raíces que le restan resistiéndose a sucumbir bajo azote del viento. El conjunto y el paraje, en esa llanura a más de 1200 metros de altura, son de una belleza sobrecogedora. Cuesta imaginar la dureza de la vida para aquellas personas que tuviesen allí su casa y su sustento. Hoy allí no queda nadie, no trabaja nadie, no transita nadie. Excepto un grupo de amigos que van a recorrer sobre sus bicis la senda que antaño hiciesen los paisanos del lugar y que nos llevará al Rincón de los Huertos en un recorrido agreste y duro pero en esta ocasión totalmente ciclable. Me atrevería a decir que hemos sido los primeros en rodar por allí en muchos años. Probablemente no recorría esa senda una bici desde que algún mozo acudió desde Bajil al baile que se celebraba después de la cosecha en el cortijo, con intención de echarse novia, montado en una de aquellas bicis negras con freno de varilla y alforjas que alumbraban el camino con la luz del foco y la dinamo. Merece la pena que el recorrido no se pierda. Es algo auténtico de verdad; posiblemente el mejor escenario para una concentración de galgas, de esas que están ahora de moda.
Dejamos a un lado la nostalgia y llegamos al Rincón de los Huertos, por esa, repito, magnífica senda. Tomamos el camino hacia Bajil, que no deja de picar hacia arriba. Un pequeño respiro tras pasar el Collado Blanco y de nuevo hacia arriba remontando la Cañada de Bajil. Una parada en la fuente para reponer agua y continuaremos hasta llegar a la carretera.
A los pocos metros de estar bajando, tomamos un camino a la izquierda que nos sumerge en un bosque especialmente singular: el Chaparral de Bajil. Un bosque que ocupa una planicie calcárea a más de 1300 metros de altura, en el que no hay un solo pino; todo son encinas y sabinas. Un precioso recorrido ondulante que será la cota más alta de la ruta (1378 m) que termina de nuevo en el Rincón de los Huertos, que ahora dejaremos atrás hasta llegar, por un terreno difícil a esas alturas, tanto en subida como en bajada, a la carretera de  Benizar, que dejaremos enseguida para adentrarnos en otro inmenso pedregal en busca de otro de los platos fuertes del día: la bajada del Poyato.
Desde la carretera al Cortijo de Hondares hay un desnivel de 200 metros, con cortado de casi 100 metros entre ambos. Cuando pasamos por el cortijo a la ida, la vuelta por aquel acantilado nos parecía algo imposible. Sin embargo una increíble senda desciende encajonada en la roca ofreciendo un verdadero espectáculo a quien se atreve a bajarla. Las vistas que se abren delante, con el cortijo de Hondares abajo, y todo el valle que desciende hasta La Puerta son irrepetibles. No importa tener que bajar 450 metros andando, (Fran andó bastante menos) porque el paisaje y el lugar lo compensan de sobra.
Llegado a un aprisco de ganado al abrigo del cortado, la senda se vuelve dócil y permite disfrutar un rato la bajada hasta el camino que nos llevará de vuelta a Hondares. Es ahora, bajando después de horas por donde antes habíamos subido, cuando apreciamos realmente la dureza del terreno que hemos recorrido. Pero el final se va acercando.
Un último repecho y empieza la senda que recorre el barranco y arroyo de Hondares. Hacemos la última parada obligada en la Cascada de Hondares y Poza de las Tortugas y empezamos el último, ahora sí, descenso por el conocido hasta los Baños de Somogil, que alterna senda, barranco y camino, donde no faltó otro vadeo del río, por un recorrido extraordinariamente roto y pedregoso de esos que tanto gustan a esta tropa.
Y así se llega a la pista que nos vio salir hacía ya casi siete horas. Algunos con tal paliza en el cuerpo que las suaves ondulaciones del final del camino se nos antojaron la última e infranqueable barrera que nos separaba de nuestro final destino: un cuarto de arroba de cerveza fresca y un plato lleno cualquier cosa que nos calmasen el apetito y la sed que infinita que traíamos.
Conseguimos acabar la ruta, yo que llegué el último, a las 15:34. La recepción del Camping la Puerta nos trató de maravilla y pudimos disfrutar de una reparadora ducha. Y ya vestidos y aseados como las personas normales, recibimos un trato exquisito en el restaurante del camping y disfrutamos una agradable comida en su terraza en una tarde de temperatura ideal.

Esta ruta se aparta quizás un poco de la tónica general de las salidas de Turismo Btt del Club, en las que los senderos son siempre protagonistas. Aun así hay cuatro sendas importantes, aunque solo una es ciclable para todo el mundo (entiéndase todo el mundo que tenga un mínimo de técnica). El protagonista principal es el paisaje y el recorrido en sí mismo. Pero que nadie espere de ella un cómodo paseo campestre porque el terreno es complicado y rebuscado, huyendo de los caminos trillados y buscando los pasos más difíciles que encierran los secretos mejor guardados de la Sierra.

Datos prácticos:
TRACK DE LA RUTA:

Distancia total 54.50 km
Ascensión acumulada 1600 m
Tiempo en movimiento 5:27
Tiempo total 6:54
Velocidad media 10 km/h.